Cómo encontrar un marido en 30 días

La personalidad de los Discípulos de Jesucristo.

2020.05.20 07:42 Neobiblismo La personalidad de los Discípulos de Jesucristo.

5) El amor, la justicia y el temor de Dios.
El amor, la justicia y el temor de Dios Padre, siendo invisible, se manifiestan y hace visible a través de su Hijo, quien representa la misma sustancia o esencia del Padre: “Dios,… En estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, al cual constituyó heredero de todo, por el cual asimismo hizo el universo: El cual siendo el resplandor de su gloria, y la misma imagen de su sustancia… Hecho tanto más excelente que los ángeles, cuanto alcanzó por herencia más excelente nombre que ellos” (Hebreos 1.1 al 4 – RVR1909).
El libro de Éxodo menciona el Ángel con el nombre de Dios: “He aquí yo envío el Ángel delante de ti para que te guarde en el camino, y te introduzca en el lugar que yo he preparado. Guárdate delante de él, y oye su voz; no le seas rebelde; porque él no perdonará vuestra rebelión: porque mi nombre está en él” (Éxodo 23.20 al 21 – RVR1909). Dios Padre permite recibir la alabanza, gloria y honra solamente a través de su Hijo, de ninguna manera hay otro Dios Padre diferente, ni dará la alabanza y gloria a otro Dios que no sea su propio Hijo, a quien ha escogido: “He aquí mi siervo, yo lo sostendré; mi escogido en quien mi alma toma contentamiento: he puesto sobre él mi espíritu, dará juicio á las gentes… Yo Jehová: este es mi nombre; y á otro no daré mi gloria, ni mi alabanza á esculturas” (Isaías 42.1 y 8 – RVR1909). El profeta Oseas hace mención de la situación del pueblo y de cómo su patriarca Jacob realiza la hazaña de luchar con el ángel: Pleito tiene Jehová con Judá para visitar á Jacob… En el vientre tomó por el calcañar á su hermano, y con su fortaleza venció al ángel… y prevaleció;… Tú pues, conviértete á tu Dios: guarda misericordia y juicio, y en tu Dios espera siempre” (Oseas 12.3 al 7 – RVR1909). A Dios Padre nadie le puede ver, sin embargo, al Hijo en el caso de Jacob le ve cara a cara en su lucha con el ángel: “… porque has peleado con Dios… Entonces Jacob le preguntó, y dijo: Declárame ahora tu nombre. Y él respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre?... Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar Peniel, porque vi á Dios cara á cara, y fué librada mi alma” (Génesis 32.28 al 30 – RVR1909).
También a Moisés se le presenta el ángel con el nombre de Dios: “… Y apareciósele el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza: y él miró… Y viendo Jehová que iba á ver, llamóle Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí” (Éxodo 3.1 al 4 – RVR1909). Esto se explica en Hechos de los apóstoles: “Y cumplidos cuarenta años, un ángel le apareció en el desierto del monte Sinaí, con fuego de llama de una zarza… A este Moisés, al cual habían rehusado, diciendo: ¿Quién te ha puesto por príncipe y juez? á éste envió Dios por príncipe y redentor con la mano del ángel que le apareció en la zarza… Este es aquél que estuvo en la congregación en el desierto con el ángel que le hablaba en el monte…” (Hechos 7.30, 35 y 38 – RVR1909).
Este ángel lleva el nombre de Dios porque en Éxodo dice: “Y hablaba Jehová á Moisés cara á cara, como habla cualquiera á su compañero…” (Éxodo 33.11 – RVR1909). Así el Hijo lleva el nombre del Padre. El profeta Zacarías menciona lo siguiente: “Y respondió el ángel de Jehová, y dijo: Oh Jehová de los ejércitos, ¿hasta cuándo no tendrás piedad de Jerusalem, y de las ciudades de Judá, con las cuales has estado airado por espacio de setenta años? Y Jehová respondió buenas palabras, palabras consolatorias á aquel ángel que hablaba conmigo” (Zacarías 1.12 al 13 – RVR1909). El ángel de Jehová es único, es su propio Hijo y quien representa al Padre, tanto en el séquito celestial como entre los seres humanos, ya que podemos ver al Hijo, que habla con el ser humano cara a cara, pero al Padre nadie le puede ver y sobrevivir: “Dijo más: No podrás ver mi rostro: porque no me verá hombre, y vivirá. Y dijo aún Jehová: He aquí lugar junto á mí, y tú estarás sobre la peña: Y será que, cuando pasare mi gloria, yo te pondré en una hendidura de la peña, y te cubriré con mi mano hasta que haya pasado: Después apartaré mi mano, y verás mis espaldas; mas no se verá mi rostro” (Éxodo 33.20 al 23 – RVR1909).
La Biblia dice: “A Dios nadie le vió jamás…” (Juan 1.18). Además se dice: “Ninguno vió jamás á Dios…” (1 Juan 4.12). La representación del Hijo está definida por un tiempo determinado: “Luego el fin; cuando entregará el reino á Dios y al Padre, cuando habrá quitado todo imperio, y toda potencia y potestad… el mismo Hijo se sujetará al que le sujetó á él todas las cosas, para que Dios sea todas las cosas en todos” (1 Corintios 15.24 al 28 – RVR1909). La Biblia confirma la presencia del ángel de Jehová en la salida de Egipto y su representación en nombre del Padre: Y El ángel de Jehová subió de Gilgal á Bochim, y dijo: Yo os saqué de Egipto, y os introduje en la tierra de la cual había jurado á vuestros padres; y dije: No invalidaré jamás mi pacto con vosotros” (Jueces 2.1 – RVR1909). Según otro pasaje bíblico el ángel de Dios es el ángel de Jehová que el ser humano puede ver sin morir:
“Y el ángel de Dios le dijo: Toma la carne, y los panes sin levadura, y ponlo sobre esta peña, y vierte el caldo. Y él lo hizo así. Y extendiendo el ángel de Jehová el bordón que tenía en su mano, tocó con la punta en la carne y en los panes sin levadura; y subió fuego de la peña, el cual consumió la carne y los panes sin levadura. Y el ángel de Jehová desapareció de delante de él. Y viendo Gedeón que era el ángel de Jehová, dijo: Ah, Señor Jehová, que he visto el ángel de Jehová cara á cara. Y Jehová le dijo: Paz á ti; no tengas temor, no morirás” (Jueces 6.20 al 23 – RVR1909).
La ventaja de la gran cantidad de libros de la Biblia, es la posibilidad de estudiar e investigar la palabra de Dios con profundidad del pensamiento, esto nos permite encontrar pistas y unir eslabones, para entrelazar un hilo conductor de la trama bíblica. Entonces, por consiguiente, es inevitable la mención textual de los versículos para encadenar un argumento, como dice las mismas Escrituras: “¿A quién se enseñará ciencia, ó á quién se hará entender doctrina? ¿A los quitados de la leche? ¿á los arrancados de los pechos? Porque mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá: … La palabra pues de Jehová les será mandamiento tras mandamiento, mandato sobre mandato, renglón tras renglón, línea sobre línea, un poquito allí, otro poquito allá…” (Isaías 28.9 al 13 – RVR1909).
Observemos algunos detalles acerca del tema analizado y presentado a los padres de Samsón: “A esta mujer apareció el ángel de Jehová, y díjole: He aquí que tú eres estéril, y no has parido: mas concebirás y parirás un hijo” (Jueces 13.3 – RVR1909). El ángel de Jehová aparece a la madre de Samsón antes de quedar embarazada y ella describe algunas características acerca del ángel: “Y la mujer vino y contólo á su marido, diciendo: Un varón de Dios vino á mí, cuyo aspecto era como el aspecto de un ángel de Dios, terrible en gran manera; y no le pregunté de dónde ni quién era, ni tampoco él me dijo su nombre” (Jueces 13.6 – RVR1909). Ahora veamos lo interesante acerca del nombre cuando Manoa, padre de Samsón, dialoga con el ángel: “Entonces dijo Manoa al ángel de Jehová: ¿Cómo es tu nombre, para que cuando se cumpliere tu palabra te honremos? Y el ángel de Jehová respondió: ¿Por qué preguntas por mi nombre, que es oculto?” (Jueces 13.17 al 18 – RVR1909). El nombre del ángel de Jehová es oculto, luego Manoa declara que ha visto a Dios: “Y el ángel de Jehová no tornó á aparecer á Manoa ni á su mujer. Entonces conoció Manoa que era el ángel de Jehová. Y dijo Manoa á su mujer: Ciertamente moriremos, porque á Dios hemos visto. Y su mujer le respondió: Si Jehová nos quisiera matar, no tomara de nuestras manos el holocausto y el presente, ni nos hubiera mostrado todas estas cosas, ni en tal tiempo nos habría anunciado esto” (Jueces 13.21 al 23 – RVR1909).
El nombre oculto es el nombre de Dios Padre (YHVH, relacionado con existencia o ser), que es compartido con su Hijo, por esta razón Manoa y la mujer ven al ángel de Jehová como ver a Dios, pero es Dios el Hijo. Así está escrito en los Salmos acerca del Hijo: “Tu trono, oh Dios, eterno y para siempre: Vara de justicia la vara de tu reino. Amaste la justicia y aborreciste la maldad: Por tanto te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de gozo sobre tus compañeros” (Salmos 45.6 al 7 – RVR1909). Dios es Padre debido a la existencia de su Hijo, así en cada época de espacio y tiempo su Hijo se manifiesta relacionado como el ángel de Jehová, o como el principal del séquito celestial, o sea, el arcángel Miguel, y como Jesucristo mesías y salvador. Esto significa que a través del Hijo: “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia” (Hebreos 5.8 – RVR1909), es que se cumple que Dios sea Padre mediante la obediencia y sujeción de su Hijo ejemplar y modelo de vida. Tal es el caso del amor, justicia y temor de Dios. Así es que encontramos en Isaías: “Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro: y llamaráse su nombre Admirable, Consejero, Dios fuerte, Padre eterno, Principe de paz” (Isaías 9.6 – RVR1909).
Desde el primer libro de la Biblia, el Génesis, se hace mención de lo que venimos tratando. Por ejemplo, el caso del ángel de Jehová y Agar, quien servía en la casa de Abraham: “Díjole también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu linaje, que no será contado á causa de la muchedumbre… Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres el Dios de la vista; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve? Por lo cual llamó al pozo, Pozo del Viviente que me ve. He aquí está entre Cades y Bered” (Génesis 16.10 al 14 – RVR1909). Otro ejemplo, es del ángel de Jehová y Abraham, en el caso de su hijo Isaac:
“Entonces el ángel de Jehová le dio voces del cielo, y dijo: Abraham, Abraham. Y él respondió: Heme aquí. Y dijo: No extiendas tu mano sobre el muchacho, ni le hagas nada; que ya conozco que temes á Dios… Y llamó el ángel de Jehová á Abraham segunda vez desde el cielo, Y dijo: Por mí mismo he jurado, dice Jehová, que por cuanto has hecho esto, y no me has rehusado tu hijo, tu único; Bendiciendo te bendeciré, y multiplicando multiplicaré tu simiente como las estrellas del cielo, y como la arena que está a la orilla del mar…” (Génesis 22.11 al 18 – RVR1909).
Finalmente se hace mención del caso de Jacob: “Y díjome el ángel de Dios en sueños: Jacob. Y yo digo: Heme aquí… Yo soy el Dios de Beth-el, donde tú ungiste el título, y donde me hiciste un voto. Levántate ahora, y sal de esta tierra, y vuélvete á la tierra de tu naturaleza” (Génesis 31.11 al 13 – RVR1909).
submitted by Neobiblismo to u/Neobiblismo [link] [comments]


2019.10.09 06:02 Davidemagx Es una ficción (Repost corregido para lectura en celular)

Alejandro era un hombre casado
galán, buen mozo, inseguro
arriba en la escala social vivía con ella, su mujer,
a quien de oros bañaba y de afectos faltaba, con ella convivía
no la amaba por la noche y se notaba
después de mucho tiempo de pelearla
que ninguna promesa pasa el día.

Una noche de banderas blancas se subieron en el coche,
terminaron en un pub
en la barra el apoyado con la mujer entre los brazos,
miraba la multitud de caras entre flashes y neones
cuando la vio pasar, con el cielo en la mirada
y ella le devolvió la vista y la sonrisa
disimulado la siguió con los ojos hasta los baños
se excuso de la legal y se abrió paso a los trancazos

Entre codos y apretones llegó hasta la puerta
la espero ansioso con cada puerta abierta
finalmente la muchacha, hermosa y proporcionada
lo encontró allí parado como un blanco caballero
se comieron con la vista a simple encuentro
unas palabras de primera vez, "Ale"
"Victoria" dijo ella hundiéndose en un beso
y la mujer esperaba mientras, confiada y ya sin ánimos para reyerta

Los encontrados se dieron cita en la pantalla móvil
y se alejó el esposo con nueva alegría en el pecho
la trampa en la solapa y el pantalón sintiéndose estrecho
a encontrar a la mujer primera, a la legal
que no increpó la ausencia excusada en estar tranquila
"te saliste con la tuya" se dijo el esposo
después de un rato a casa ella quería sexo,
él se durmió como un oso

La mañana trajo un "buen día" de la divina
un regalo para el cansado, agua para el sediento
y cuidando de no despertar a la de la alianza
se deslizó fuera de cama y al baño
para devolver el mensaje a la paloma
Media hora y jugueteo, volaron textos y un video
tenía que verla pronto y se dieron lugar y fecha
"Esta noche 10:30" acordaban ellos soplar al viento

Pendiente estuvo de cada mensaje y cada hora
la legal lanzaba ostias que el no devolvía, lo agotaba, lo pudría,
"seguro tenes a otra" le decía
"¿qué decís? ¡enferma!" contestaba como escudado
"atendeme un poco, mirame, desgraciado"
"así como estás de loca no me tienta"
la pelea siguió por unas horas
"te vas a la mierda, loca" y coordinando con la fechoría a las 10 salía

La levantó en una vereda entre Salta y Buenos Aires
charla breve, charla necia, unas birras
en un bar el juego de lo nuevo, el gusto a no se debe
ella menor, de 17, el ya con 35
"Que linda parejita" comentó una vieja ingenua
y se hicieron los bonitos con todo y sonrojarse
para luego levantarse e irse a morir a un telo
el sexo fue divino, revolvieron hasta el suelo

En la cucharita los dos melosos
la nena jugaba con el pelo
y el le hablaba de la otra, la malvada
la bruja de la alianza y el recelo
del cansancio y de sentirse vivo en mucho tiempo
"No se que hiciste pero me gusta" dijo el blanco caballero
"a mi también me gusta" dijo la nena antes de un beso
y se enlazaron de nuevo hasta llegada la alborada

Pasaron los meses, la mujer era una fiera
él se atrincheraba o la ignoraba y guardaba su secreto,
su remedio ante aquel mal
su dama tras la cortina, la que ahora todo era
repitieron los encuentros, los hoteles y promesas
mal decía él a la bruja de la sortija
y ella lo envolvía con perfumes en los labios
no era hechicería, eran los años

Una noche más de hacerla suya
dejó en su vientre la semilla
la damita que lo amaba quería darle todo
y él parecía dispuesto de cualquier modo
se amaron otro rato con el cuerpo y las palabras
se dejaron como siempre, a las 7
"Te amo" decía ella
"Te amo" él le devolvía y se alejaba.

Una semana y Andrés que no llegaba
Victoria no dijo nada y marchó a la farmacia amiga
donde una mujer de bata rezaba "¿Que buscas?"
"Un test de embarazo" le pedía
y la mujer tomaba del estante una caja rosada mirando sin prejuicio,
"pasá por caja"
Victoria sonriendo para esconder los nervios
pagó en efectivo

"Positivo" decía el test
Victoria sintió su mundo darse vuelta
y vio la luz al final del túnel
así su amado estaría con ella
le escribió emocionada para darle la noticia
hubo un visto sin respuesta
las horas que pasaron angustiantes
y un mensaje, uno sólo "¿quién sos?"

La malvada ahora gritaba con fuerza redoblada
Alejandro la miraba mudo, ¿cómo pudo descuidarse?
le gritó "loca enferma" en su afán de victimizarse
y salió de la casa para no aguantarla
"Paso a buscarte donde siempre, soy yo"
avisó a la nena que preocupada respondió "¿estás bien amor?"
"hablamos luego", salió a toda marcha
a buscar la divina, su cura, su remedio

En el mismo primer telo después de haber cogido
se sentaron al debate los amantes
"Dame tiempo, te lo pido" dijo él casi atrevido
"Te amo, por supuesto, te quiero yo conmigo"
dijo ella tomándole la mano
y llevándola a su ombligo
pero el se mostró algo frío
puso al tiempo por excusa y la despachó con prontitud

Volvió a la casa de la guerra
y la malvada lo recibía con los bolsos preparados
"Me voy y quiero divorcio, quiero sangre, quiero todo" dijo
y Alejandro contemplaba sus males
discutieron y al final del griterío se encontraron como nunca
o quizás fue conveniente, la mitad perder es mucho
"Ella o yo" dijo la esposa
"Vos" aseguró el marido

"Te pido que ya no jodas, ese hijo no es mío ni lo quiero"
El blanco caballero se convirtió en zorro austero
"¿Yo te amo y me haces esto?"
"Es tu culpa por estar con alguien casado" dijo el monstruo
La bloqueó y se dio por desvanecido
Victoria quedó llorando la traición
con las manos en el vientre
y el llanto desgarrando el corazón

Mamá y papá supieron tras haberles confesado
a su rabia sumó reprobación
"Sos muy chica para ser madre"
y un tiempo luego la llevaron a un doctor
de moral y reputación manchadas
de matrícula revocada
en un caserón apartado a escondidas de los indiscretos
para no verse en la vecinada y la difusión

"Todo va a estar bien, nena" oró el carnicero
con chaqueta blanca y camisa negra
la acostó en una pieza que olía a muerte
y le puso un suero con algún mejunje
la dejó por varias horas sin mirarla
mientras los padres le recalcaban la vergüenza
con miradas reprobatorias y palabras aplastantes
Victoria sentía la vida escaparse

Sentada en el inodoro de ese lugar macabro
dejó casi su vida con la sangre
y así le dio de alta, cual jabalí atravesado por lanza
"Llevenla al hospital para que no muera" dijo el insensible,
"pero antes paguen que esto es mi negocio"
quiso insultarlo la madre pero bien sabia ella
que no escapaba de también
ser deplorable en esa tranza

Victoria ya estuvo en casa
Alejandro ni enterado
"Te amo todavía, es por vos que hago ésto. Adiós"
leía en el mensaje de texto
y se colgó del techo sofocada por la depresión
la encontró su padre y perdió la cordura
a los dos los sumió la culpa
y quisieron su justicia

"Ella estaría acá si no fuese por ese canalla"
gritaba el padre en la comisaría
la policía se hizo presente
y la mujer atendía histérica
llorando y arrancándose los pelos
Alejandro estaba en el sillón con la cara explotada
a sus pies como a un metro el arma asesina
"Fue suicidio" dijo la viuda

La causa leyó "suicidios"...

Los personajes y hechos relatados aquí no son reales
cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia
ustedes saben, no hace falta que les aclare
es otra de esas que no son verdad
una historia fabulada
es sólo ficción.

Fin.
submitted by Davidemagx to argentina [link] [comments]


2017.08.14 08:53 Subversivos Odio a muerte en la España profunda

Sucedió el domingo 26 de agosto de 1990 a última hora de la tar­de en un lugar llamado Puerto Hurraco, un pueblo profundo de Ba­dajoz con 205 habitantes censados y protegido por dos montes ne­gros con forma de ala. Los hermanos Emilio y Antonio Izquierdo, de 56 y 58 años, se apostaron en un callejón, descargaron sus escopetas de repetición y abatieron a quince personas. Nueve de ellas murie­ron entre esa fecha y el 10 de septiembre y las seis restantes fueron reponiéndose con desigual fortuna: todas han quedado marcadas por la tragedia, pero algunas tendrán que soportar el recuerdo en una silla de ruedas.
LOS SUCESOS DE EL PAÍS Puerto Hurraco, odio a muerte en la España profunda Los reportajes y ensayos de esta veraniega serie han sido extraídos del libro Los sucesos de EL PAÍS, publicado en 1996 como parte de la conmemoración de los 20 años del diario, lanzado el 4 de mayo de 1976. Históricas firmas del periódico, como Rosa Montero, Juan José Millás o Jesús Duva desmenuzan algunos de los crímenes que han marcado la reciente Historia de España, de la matanza de Atocha al crimen de los Marqueses de Urquijo.
En un principio, los hermanos habían venido decididos a asestar un golpe de muerte a la familia Cabanillas —las dos hijas de Antonio Cabanillas, de trece y catorce años, fueron las primeras en caer—, sus enemigos frontales desde los años veinte, pe­ro el olor de la pólvora y la sangre que corría pendiente abajo por la calle principal les dejó clavados en el suelo y en el gatillo. Al final, dispararon sobre todo lo que vieron. Emilio huyó al monte después del primer cargador. Antonio se quedó allí todavía un rato, hasta agotar el segundo. Horas después, de madrugada, la Guardia Civil tuvo que sacar a tiros a los dos hermanos de un cercano olivar en el que se habían refugiado —tanto, que dos guardias civiles resultaron gravemente heridos. Luego, se comentó que por qué no habían huido, por qué habían quedado atrapados en el lugar rabioso de su cri­men. Tal vez, la venganza, que les había atado a Puerto Hurraco du­rante toda la vida, les atara también después de llevarla a cabo.
El suceso se vivió en España con la extrañeza y el temor de quien se encuentra frente a páginas del pasado resucitadas con actores de carne y hueso. La década recién inaugurada quería significar el ine­luctable fin de aquella otra España de oscura conciencia, aislada del mundo y sobreviviendo dificultosamente de recursos escasos y entre penas y culpas que se colaban por los callejones históricos del pesi­mismo y de la tristeza. Eso había terminado. Estábamos en Europa y ya habíamos dado los primeros pasos hacia una modernidad con­sensuada por los propios y arropada por los extraños. Muchos vie­ron en Puerto Hurraco una fotografía antigua o el último latigazo de un mundo que se extinguía, pero muchos otros se enfrentaron, con una perplejidad interrogante, a un suceso real y presente que ponía en cuestión la idea actual de España, siempre vista a través del pris­ma urbano, cubierta por la sombra avanzada de la capital y de las capitales. Aquí se cifraba la incógnita: se trataba del pasado o se tra­taba de ignorancia del presente.
Dos días después de la matanza, el suplemento dominical del dia­rio EL PAÍS envió a quien esto escribe y al fotógrafo Miguel Gener a buscar las claves de un suceso que reunía paradojas suficientes co­mo para pensar que la averiguación no había concluido con la me­ra información del desastre.
Detrás de los visillos
La primera impresión de Puerto Hurraco, una estrecha calle principal en cuesta, a última hora de la tarde espesa y caliente de agosto, con una mujer que todavía fregaba en las paredes y en el cemento las manchas de sangre, y puertas cerradas a cal y canto, fue la de estar visitando un pueblo con gente vigilando detrás de los visillos de la ventana. De vez en cuando se escuchaba, casi exagera­damente, casi como si uno se lo estuviera inventando o esperase in­ventárselo, un cerrojo que recorría la calle, que salía del pueblo y que se perdía en una resonancia entre los omóplatos de los dos mon­tes negros que planeaban siniestramente sobre las casas blanquea­das. No había nadie en la calle y las únicas figuras visibles eran las de dos guardias civiles sentados en un cuatro latas ladeado sobre una cuneta a la entrada del pueblo.
MÁS INFORMACIÓN Puerto Hurraco, odio a muerte en la España profunda Todo lo publicado en EL PAÍS sobre el caso 2015: Puerto Hurraco quiere olvidar 2010: El último de los asesinos se ahorca en su celda 1994: 688 años de cárcel para los hermanos Izquierdo De vez en cuando, algún vecino cruzaba velozmente y miraba al­rededor como si tuviera que cerciorarse del lugar en que vivía. Con el paso del tiempo, se terminaba descubriendo a otros periodistas y fotógrafos, que salían apresuradamente de una casa para entrar en otra y que ya habían adoptado los hábitos clandestinos de la pobla­ción. El día que siguió al entierro de las víctimas, entre el fragor de cepillos que intentaban borrar la sangre del domingo, un vecino pi­dió a los reporteros que no se marcharan, «porque así se sentían más protegidos». Pero, al mismo tiempo, no aceptaba hospedajes «por temor a represalias». La guerra de Antonio y Emilio Izquierdo ha­bía derivado en una guerra interna: a ver quién dice y qué a los pe­riodistas.
En los días siguientes a la matanza, uno de los aspectos más sorprendentes —para un recién llegado— era el clima de tensión que se había creado entre los propios vecinos. Daba la impresión de que la alarma no había dejado de sonar todavía y de que esta vez el peligro no iba a venir de afuera —Emilio y Antonio vivían en Monte­rrubio de la Serena—, sino de los intestinos de la aldea. La razón, sencilla, pero que tardaba en descubrirse, tenía que ver con los in­trincados lazos de parentesco de los habitantes de Puerto Hurraco. Los Izquierdo y los Cabanillas se odiaban, y el hecho es que una buena parte de las familias de Puerto Hurraco eran Cabanillas o Iz­quierdo, pero una parte aún mayor había mezclado sus apellidos con el sistema endogámico tan habitual en las zonas rurales y aisladas del interior de la península. De forma que los Cabanillas Izquierdo o los Izquierdo Cabanillas suponían un verdadero grueso de la po­blación.
El cementerio era una prueba contundente de esta tupida red de peligros. Situado a un costado de la carretera general, rodea­do de un campo que parecía en estío permanente, mostraba con to­da claridad y en letras de molde la hegemonía de los dos apellidos y de sus mezclas. Para mayor enrarecimiento, en la catástrofe del do­mingo había muerto una cuñada del marido de Emilia Izquierdo, la tercera hermana en discordia junto a Luciana y Ángela —a las que más tarde se acusaría de haber inducido a sus hermanos al asesinato.
En esos días, cada cual podía imaginar la amenaza en el interior de su propia casa o lindando con la del vecino. Todo dependía del bando en que cada uno decidiera alistarse o se sintiera incluido, ha­bida cuenta de que todos y cada uno tenían innumerables posibili­dades de pertenecer a ambos. Por tanto, una cierta arbitrariedad surgida de lo que no se sabía del otro, del próximo, cuyos verdade­ros sentimientos podían haber estado escondidos o disimulados para brotar ahora repentinamente, se unía a la conmoción y al miedo generalizado. La ecuación resultante era, pues, miedo más arbitra­riedad y su solución, una incógnita. Curiosamente, esos mismos tér­minos habían estado, como se vería después, en el origen de la tra­gedia.
Los días que siguieron al suceso fueron días temidos. Había mie­do al regreso de las hermanas presuntamente instigadoras, Luciana y Ángela, evaporadas desde la semana anterior; miedo a Antonio Cabanillas, el padre de las niñas asesinadas; miedo a la respuesta de las distintas ramas de las distintas f31nilias, dentro y fuera del pue­blo; y, sobre todo, un miedo contagioso a que la cuerda del último drama tirase de otros dramas sobre los que el olvido había trabaja­do como una lápida. Algunos vecinos hablaban ya de hacer las ma­letas y de cerrar los escasos negocios. Se temía el éxodo.
Fuera de esto, existía también una aprensión —causada por esta estructura de parentesco— relacionada con que ciertas historias sa­lieran a la luz. Una especie de pudor repentino de una aldea endo­gámica acostumbrada a guardar sus conflictos. Y también un tem­blor vergonzoso a aparecer como el reflejo miserable de esa España profunda, tan traída y llevada por los libros, por el cine y por la te­levisión, de niños en las tinajas, campesinos obtusos y sanguinarios, y malevolencia rural.
En el fondo, con unas cosas y con otras, se estaba jugando la su­pervivencia del pueblo. Había algo más que una disputa sangrienta entre familias: se había puesto en peligro la supervivencia colectiva.
Cuando los vecinos se decidían a hablar era para defender esa su­pervivencia. Insistían, de un modo que se dirigía en primer lugar a su propio convencimiento, como si la presencia del interlocutor sir­viera sobre todo para escucharse a sí mismos, en que el estallido no afectaba más que a los «amadeos» y a los «patas pelás», ramas par­ticulares de los Cabanillas y de los Izquierdo. Aceptar la idea de una guerra entre los Cabanillas y los Izquierdo, sin matices y sin reduc­ciones, era transigir con la idea de una guerra universalizada y con la previsión de una hecatombe a la vuelta de la esquina. Fuera co­mo fuese, el primer gesto de la supervivencia consistía en espantar los fantasmas de una contienda colectiva, particularizando el con­flicto hasta contenerlo en su territorio más pequeño.
La supervivencia, además, merecía la pena en términos objeti­vos. Los términos estaban relacionados con la reciente prosperidad del pueblo, tradicionalmente dedicado a la aceituna, el grano, los cerdos y las ovejas. Las subvenciones estatales y el empleo comuni­tario habían hecho crecer el nivel de vida en los últimos cinco años. Se veían casas nuevas y reformadas por todas partes, las calles es­taban asfaltadas y en los pequeños negocios se respiraban aires de beneficio. Para entenderlo mejor, había que remontarse a la historia de una aldea que no conoció la electricidad hasta los años se­tenta, el agua corriente hasta los ochenta y el asfaltado de las calles hasta hacía seis años. Por primera vez, aquella conciencia colecti­va, secularmente cerrada al mundo, había empezado a asomarse a él. Los defensores de la tesis de la tragedia aislada luchaban con­tra la memoria en una atmósfera de pólvora antigua. Era la memo­ria de una aldea fundada por familias Izquierdo provenientes del cercano Helechal en el siglo pasado y que, a principios de la centu­ria, se encuentran conviviendo con extraños que regresan de una emigración cubana.
En ese momento comenzó la guerra, la guerra de los Camariches (Izquierdo) contra los Habaneros (Cabanillas). Es decir, la guerra de los fundadores contra una familia de intrusos llegada de Cuba. A la vista del entramado presente de parentescos, la resurrección de ese conflicto significaría la guerra de todos contra todos. Después de tan­tos años, y estando tan cerca ya del mundo contemporáneo, los habi­tantes de Puerto Hurraco temían, tras el nefasto domingo de agosto, levantarse por la mañana pensando que cualquiera podía ser un ene­migo, que la fiera dormida podía despertar y llenar el aire de zarpa­zos. Como si no hubiera pasado el tiempo o como si hubiera dado igual que el tiempo hubiera pasado. En ese aspecto, sus sentimientos eran muy semejantes a los sentimientos con que el resto del país les contemplaba. Mientras el país entero, a su vez, se sentía observado por los nuevos y modernos amigos europeos, los mismos que habían surtido la leyenda negra española de hechos que la confirmaban ejemplarmente, de hechos muy semejantes a los de Puerto Hurraco. Seguramente, Puerto Hurraco hizo que los españoles se volvieran tan hipersensibles a la observación como los propios vecinos, y también desde esa oscura culpabilidad nutrida por la incertidumbre y la ig­norancia.
La historia olvidada
Existía, por tanto, una historia de Puerto Hurraco, una historia escondida y, al parecer, fatalmente olvidada, a la que se había re­gresado brutalmente a causa de ese mismo olvido.
Hacia 1920. Unos niños juegan en el polvo marrón de una calle­juela. Los hombres arrastran sus mulas en el campo y las dos len­guas de piedra negra que desde la montaña lamen Puerto Hurraco lanzan chispazos de luz. Los niños son Ángel Cabanillas, apodado El Rapa, y los hijos de La Torcía y La Daniela, ambas de familia Iz­quierdo. De pronto, se enredan en una gresca. El Rapa, de catorce años, se marcha a su casa. Al cabo de un rato, cuando quiere salir de nuevo a la calle, La Torcía y La Daniela le esperan armadas. La madre de Ángel Cabanillas no le deja salir. El incidente crea una tensión desproporcionada entre las familias. No hay un previo con­flicto de tierras, ni otro conocido. Pero la tensión alcanza los años si­guientes, cuando las familias aparecen en la historia completamen­te enconadas.
Año 1928 o 1929. Luis Cabanillas se interpone en la amistad de su hermana Matilde con Alejandro García Izquierdo. Alejandro pide ayuda a los parientes Izquierdo y traman esperar a Luis a la salida del salón de baile de Marcelo Merino. Son las últimas horas de la fiesta, el ambiente del salón está espeso y un amigo de Luis abre la ventana. Por encima de los tejados distingue el perfil lunar de los montes y, con la misma luz, a Alejandro y a sus primos apostados en una de las callejuelas. Luis hace cuestión de honor en salir mientras tantea la navaja que lleva en el bolsillo del pantalón. Antes de que los Izquierdo reaccionen, asesta una puñalada en el cuello a Alejan­dro García. El acuchillado nunca llegó a recuperarse totalmente. «Se quedó como atontado.» Luis Cabanillas fue condenado a siete me­ses de cárcel ya posterior destierro en Peñarroya.
Año 1935. Se repite el suceso con distintos protagonistas e inversa fortuna. Un baile en una fiesta cercana. Basilio Cabanillas ronda a Amelia Izquierdo, prima de Daniel Izquierdo, por mote El Dentis­ta. Al parecer, Basilio y Amelia se entienden. El Dentista interrum­pe la escena y discute con Basilio. El clima se caldea a lo largo de la noche. Finalmente, El Dentista lanza una amenaza y se marcha. Ba­silio regresa al pueblo caminando, sorteando pedregales y olivos en una noche cerrada. El Dentista surge de entre unos matorrales y le apalea hasta tumbarlo. Basilio consigue llegar a su casa y de allí a un hospital de Badajoz, donde tardará semanas en reponerse. Daniel Izquierdo, El Dentista, fue encarcelado y años después tuvo que pa­gar fianza para conseguir la licencia de escopeta.
Hasta estas fechas, los conflictos responden al esquema de Ca­mariches contra Habaneros. No hay disputas materiales de ninguna especie. Las disputas tienen trasfondo grupal y las heredan los pa­rientes por extensión consanguínea y cronológica. Se trata de los fundadores y de los emigrantes que legan a su descendencia una probable competitividad a escala local y sólo explicable dentro de un entorno cerrado donde el roce produce una marca cuya exposición continua tiende a pasar por herida.
El resto forma parte de una historia más y mejor manejada por los que todavía viven. Pasaron 26 años desde las andanzas de El Dentista hasta la desgracia siguiente. En ese plazo largo, que no se­ría el único de magnitud que mediaría entre catástrofes, los Cabani­llas y los Izquierdo debieron de fundirse en una maraña de lazos de parentela, que hoy son inextricables y amenazadores. Estos lazos parecían configurar una paz decisiva. Pero en Puerto Hurraco la paz ni se decide ni tiene dueños.
Años 50. Amadeo Cabanillas Caballero y Manuel Izquierdo, llama­do Mal Tiempo, echan ovejas en los tristes pastos de Puerto Hurraco. Las fincas lindan. No hay cercado, sólo un golpe largo de tierra amon­tonada que las separa. Las ovejas entienden mal la delimitación y se la saltan sin reflexionar. Otra gresca, de no grandes dimensiones, pe­ro que se conserva en la memoria como un hito de este prolongado ca­mino de desavenencias. El que algo así se conserve en la memoria es lo más inquietante de todo.
Año 1961. Se produce el primer choque entre Antonio Cabanillas -el padre de las niñas asesinadas-, todavía niño, y los futuros cri­minales de sus hijas, Emilio y Antonio Izquierdo. «Al niño le tupie­ron la boca de hierba.» El padre de las niñas asesinadas negó en esos días aciagos de agosto que tuviera jamás un roce con Antonio y Emi­lio. Aunque lo negaba no como si negara el hecho, sino como si ne­gara cualquier especie de memoria. Mientras se dirigía con su trac­tor al campo, dos días después de las desgraciadas pérdidas, de la boca de Antonio Cabanillas se escapaba la palabra «maldad» con una certeza religiosa.
El caso es que, sin moverse de la fecha, Amadeo Cabanillas Ri­vera, hijo del otro Amadeo y hermano de Antonio, discutió con Jeró­nimo y Luciana, hermanos de Antonio y Emilio por el asunto del chaval. Luciana se rompe un brazo al caer empujada por Amadeo: ésta es toda la historia de amor que vivieron y que en 1990 levanta­ba especulaciones acerca de un despecho sentimental que habría ali­mentado la última fase del resentimiento. Jerónimo esperó en la fin­ca de Las Pelícanas a Amadeo y lo mató de una cuchillada. Años de cárcel, psiquiátrico y destierro a Monterrubio, a seis kilómetros. El pueblo donde vivían y desde el que tramaron los hermanos Izquier­do la matanza.
1984, veintitrés años más tarde. La casa de Isabel Izquierdo, ma­dre de los convictos y hermana de Mal Tiempo, se incendia. La ma­dre muere, y las hermanas, que estaban esa noche en la casa, acusan a Antonio Cabanillas de haber prendido el fuego y al pueblo entero de no haberles ayudado. Lo cierto es que olvidaron a su madre entre las llamas y que muy pocos vecinos llegaron a despertarse esa noche.
  1. Jerónimo repite cuchillada en la Cooperativa de Monterru­bio, esta vez sobre Antonio Cabanillas, que tiene que ser ingresado. A partir de este momento, los Patas Pelás se enclaustran en su feu­do de Monterrubio. Los hermanos se dedican a jugar a las cartas y a toma: helados de corte, una especie de pasión. Luciana y Ángela van clamando justicia por las calles, se arrodillan delante del cuar­telillo de la Guardia Civil y obligan a los vecinos a desenchufar los frigoríficos ya parar los relojes de pared, por temor a que camufla­ran bombas. Una existencia entre la locura y el miedo, alimentada por confidentes y enzarzadores. Después de que la locura y el miedo hubieran fermentado lo suficiente y se hubieran descompuesto en su propio caldo de cultivo, llegó el domingo sangriento, tras las fiestas de agosto. «Vengo a por el Puerto, esto vengo esperando hace seis años», dicen que gritaba Emilio Izquierdo desde el callejón entre descarga y descarga de su repetidora.
Ruido de cerrojos
Esta historia pudo componerse a partir de fragmentos, de confi­dencias a media voz, hechas en el pequeño bar donde los parro­quianos se limitaban a jugar a las cartas y a vigilar permanente­mente a los periodistas o, tras llamar a alguna puerta, atravesar un largo pasillo y quedarse en el patio del fondo mientras los dueños de la casa echaban los cerrojos. Jamás se confiaban en grupo. Las úni­cas posibilidades dependían de encontrar a solas al interlocutor o de sacarle de la proximidad de los otros. Las mujeres y los hombres ha­blaban en su casa sólo a condición de que no estuviera el cónyuge. La mutua vigilancia a que todos se sometían daba como resultado un silencio a medias y, muchas veces, ficciones o falsedades.
Los más proclives a soltarse, y no mucho, eran los emigrantes que habían regresado para las fiestas y los que habían tomado la deci­sión de marcharse. Por lo general, se negaban a dar el nombre y sólo apuntaban la rama de Izquierdo o Cabanillas a la que pertenecían y cuya posición estratégica en el conflicto era prácticamente imposi­ble desentrañar para el forastero. La mayoría hablaba como Caba­nillas en esos momentos, pero un ligero contraste con el siguiente in­terlocutor arrojaba la idea contraria. No decían su nombre, aunque se denunciaban entre ellos. «Ése con el que dice que ha hablado es un Amadeo» o «ese es un Pata Pelá».
Al llegar la noche, los guardias civiles recomendaban severamen­te que los periodistas dejaran el pueblo. Entonces sí que sonaban los cerrojos más allá de toda atmósfera literaria. Miguel Gener hizo unas espléndidas fotografías de lo que era la noche en Puerto Hurraco, aguantando en aquella oscuridad tensa en la que las luces de los fa­roles se pegaban al suelo y dejaban recortado por encima el cielo an­cho, espeso y nocturno, de las tierras pacenses. Esas fotografías con­siguieron reproducir las tenebrosas impresiones que podría haber sentido cualquiera que se acercara a Puerto Hurraco horas después de la, carnicería. Algo así como meterse en un poblado fantasma del viejo Oeste, pero sin épica, cruzado por caminos que se fundían en la noche y con una carretera cercana que parecía el tramo final de todas las carreteras del mundo. Dentro de las casas, las luces se apa­gaban enseguida y entonces el cielo oscuro empezaba a pesar y a desplomarse como la tapa de un ataúd.
En Esparragosa o en Zalamea, a pocos kilómetros, la noche se vi­vía de muy distinta manera. La gente salía a tomar el fresco al qui­cio de la puerta, se veían corros de adolescentes en las puentecillas y paseantes que se adentraban en la tiniebla de los senderos. Eran las horas para respirar un poco de aire, después de los cuarenta gra­dos de secano que habían carbonizado el día. En Puerto Hurraco no se respiraba, los habitantes parecían contener el aliento hasta que pasara algo que se sentía próximo y fatal. Esa noche calurosa de en­cierro daba la verdadera temperatura del ánimo de la gente.
El día 30 de agosto las hermanas Izquierdo, Ángela y Luciana, salieron de un escondrijo de Madrid y tomaron el expreso de Bada­joz. A partir de ese momento iniciaron su escabroso periplo entre las pretensiones del fiscal, que las acusó de conspirar junto a sus her­manos -aunque la Audiencia de Badajoz revocó en febrero de 1992 el auto de procesamiento-, y su inexorable destino psiquiátrico en Mérida. Pero durante los cuatro días en que estuvieron desapareci­das, Ángela y Luciana se presentaban como la clave que podía des­cifrar los enigmas. Y también disolver el sentimiento de amenaza in­mediata que todavía pesaba sobre las gentes de Puerto Hurraco. Su desaparición había prolongado la inquietud, porque, sin lugar a du­das, tanto para los de Puerto Hurraco como para quienes estaban al tanto en Monterrubio de la Serena, había una diferencia sustancial entre el dedo que había apretado el gatillo y el cerebro que había en­viado la orden.
La casa de Monterrubio era una casa de pueblo de dos plantas pe­queñas embutida en una hilera y tan cerrada a cal y canto como, según decían, lo había estado en los últimos años, cuando los hermanos y hermanas Izquierdo vivían en ella. El diagnóstico del vecindario era tan concluyente como lo fue después el de la Audiencia. Eran dos mu­jeres mayores, de 49 y 63 años, prematuramente envejecidas, cuya existencia estaba organizada alrededor de los líos vecinales, que salían dando gritos de su casa y recorrían las calles insultando a sus parien­tes de Puerto Hurraco y a cualquiera de Monterrubio que se cruzara con ellas, que peregrinaban regularmente al cuartelillo y que, simple­mente, «no podían estar bien». En contraste, Emilio y Antonio rara vez protagonizaban un altercado. Parecían bastante pacíficos o quizá sólo tranquilos y, según la opinión del coro popular de Monterrubio, absolutamente dominados por sus hermanas.
Ninguno de los cuatro se había casado. La única pista sentimen­tal relacionaba a Luciana con Amadeo Cabanillas, en el famoso episodio que concluyó con fractura de huesos para la mujer y que inau­guró la última fase criminal entre las familias antagonistas. Luciana negó en días posteriores que hubiera existido semejante posibilidad, como no podía ser de otra manera. Los cuatro hermanos, por lo de­más, apenas salían de la casa de Monterrubio, donde las persianas estaban permanentemente bajadas y los pestillos echados. Allí fue­ron re cociendo su animadversión y sus malos sentimientos durante seis años.
Con todo ello viene el dilema. La matanza de Puerto Hurraco pue­de ser contemplada a la luz de una historia secular de rencillas y con­flictos que culminó de esa manera como podía haber culminado de cualquier otra parecida, o bien esa tragedia hay que observarla a tra­vés de esta última escena, mucho más reducida, mucho más actual, mucho mejor iluminada. Si fuera así, lo que se ofrece a la vista es el cuadro de cuatro hermanos encerrados en sí mismos, con antece­dentes psiquiátricos y con manifestaciones de desequilibrio patentes, aislados en un pueblo de Badajoz que ni siquiera es el suyo, armados hasta los dientes y profiriendo amenazas constantes, ante la pasivi­dad de instituciones y vecinos. Después se conocería el dominio pa­tológico que los mayores ejercían sobre los pequeños y también sal­drían a la luz abultados rumores sobre la vida de los Izquierdo. Pero no había ninguna necesidad de ello, porque un simple vistazo a los historiales clínicos, al entorno familiar en el que habían crecido y aprendido, a su vida cotidiana y a sus hechos cotidianos, habría bas­tado para anticipar un pronóstico de lo que podría ocurrir y de lo que fatalmente ocurrió.
Los desheredados
La historia de la España negra y profunda siempre ha servido ha­cia dentro y desde fuera. Desde fuera, el que más y el que menos ya sabe cómo ha funcionado. Pero, paradójicamente, también ha sido eficaz a la inversa, tapando la desidia de la sociedad civil y de las instituciones públicas, y arrojando al pozo sin fondo de la concien­cia de un pueblo que se ha movido entre la supervivencia y el olvi­do todos los desastres que nadie era capaz de asumir.
Desde un punto de vista literario y dramático conmueve descubrir que un pueblo de doscientos habitantes guarde en su memoria cen­tenaria un arsenal de disputas que van desde lo ridículo hasta lo ca­tastrófico, con nombres y apellidos, con detalles minúsculos trasmi­tidos de padres a hijos como las palabras de una liturgia, y que la tragedia corone finalmente esta memoria. Pero desde el punto de vis­ta de los hechos, lo único que se acerca a los motivos verdaderos —más allá de las leyendas que nos dejan tan enaltecidos como vulne­rables— es la constatación de que cuatro personas enfermas, indivi­dual y socialmente enfermas, armadas, aisladas y sin escapatoria an­te el mundo, explotaron un mal día en un clima colectivo de asombro que sustituyó automáticamente a una colectiva indiferencia.
Como en las malas películas, todo trató de resolverse judicial­mente. Los juicios tienen la virtud de aplicar condenas y de trasfe­rir las ideas de bien y mal a la potestad de un tribunal o de un ju­rado que, en realidad, sólo se ocupa de crímenes y castigos. El juicio de los hermanos Izquierdo causó la misma expectación que la trage­dia y dejó las cosas en el lugar donde se quedan las cosas intocables.
El 17 de enero de 1994, Antonio y Emilio Izquierdo se sentaron en el banquillo de los acusados, cuando ya se había decidido la re­clusión de sus hermanas en el hospital psiquiátrico de Mérida con un diagnóstico de «delirios paranoides». José Gómez Romero, el psi­quiatra que las tenía a su cargo, declaraba en esas fechas, tres años y medio después de su ingreso, que «Luciana y Ángela han mejora­do algo, poco a poco, pasean con otras internas y, sobre todo, Ánge­la ha desarrollado un poco de su personalidad, condicionada por la de su hermana hasta el punto de que, al principio, las cogías por separado y te hablaba utilizando las mismas expresiones que Lucia­na» (EL PAÍS, 23 de enero de 1994). En el juicio, los peritos psiquiá­tricos llegaron a la conclusión de que Emilio y Antonio Izquierdo su­frían «alteración de la personalidad de carácter paranoide». Cosa que, al parecer, «no alteraba el plano de la conciencia», si bien «so­bre esta personalidad, que constituye terreno abonado, hay una vi­vencia (la muerte de la madre) que es vivida de forma muy trau­mática por estas personas y se convierte en una idea sobrevalorada (la venganza) que invade el campo psíquico del sujeto. En este sen­tido estimamos que su capacidad volitiva podría estar disminuida» (EL PAÍS, 18 de enero de 1994). Dado que la psiquiatría se mueve por el mundo como si fuera una ciencia, hay cosas que los legos no pue­den entender. Por ejemplo, el que la conciencia no se altere cuando hay una idea sobrevalorada que invade el campo psíquico del suje­to, disminuyendo además su capacidad volitiva. Misterios del ser.
Los magistrados, en los fundamentos de derecho, afirmaron además que Emilio y Antonio no eran enfermos mentales, exponiendo el he­cho de que ambos «eran capaces de manejar un rebaño de ovejas de unas 1.000 cabezas» y que tenían fincas arrendadas, «consiguiendo, a pesar de la crisis por la que atraviesa el campo, poseer una carti­lla de ahorros con unos diez millones» (EL PAÍS, 26 de enero de 1994). Es decir, habría una relación inequívoca entre la salud mental y la gestión económica y agropecuaria. Estaríamos aquí ante una especie de protestantismo psicológico —visto a través de la doctrina de la predestinación mental.
Así pues, los delirios paranoides de los hermanos y de las herma­nas Izquierdo tuvieron distinto final como consecuencia de la dife­rente relación con el gatillo. La justicia actuó sobre los hechos y se limitó a sancionarlos, salomónicamente, con sus dos espadas con­temporáneas: el psiquiátrico y la cárcel. El 25 de enero de 1994, An­tonio y Emilio Izquierdo fueron condenados a 688 años de cárcel perfectamente divididos entre ambos como autores criminalmente responsables de nueve asesinatos consumados y seis frustrados. Los ponentes afirmaron que los dos hermanos prepararon por «vengan­za» un «plan de exterminio del mayor número de habitantes posible de Puerto Hurraco».
Aunque la Justicia dictó sentencia, y con ella la sentencia del ol­vido o del comienzo del olvido, lo cierto es que, más que disipar la temida imagen de España, la reveló en fotografías nuevas. La mitad locos o idiotas, la mitad asesinos carniceros. Y, sin embargo, habían pasado muchas otras cosas sobre las que no se podía dictar senten­cia como la abrumada existencia de esas cuatro personas encerradas en una casa de Monterrubio de la Serena hablando con sus fantas­mas en un idioma delirante, o la supervivencia en un entorno capaz de trasmitir de generación en generación la forma en que unas ove­jas se saltaron unas lindes de tierra amontonada para provocar una refriega. El mundo es complicado y la ley lo simplifica en términos de habitabilidad convencional, cuando la ley se cumple. Pero, con toda certeza, la masacre de Puerto Hurraco debió servir para llevar a la superficie una imagen de la España actual más allá de los tópi­cos y de las ideas conformadas a las que invita la desidia intelectual de la que somos ancestrales herederos. Muchas regiones rurales es­pañolas están todavía iniciando el siglo XX y esta situación no se re­fiere solamente a medios materiales de vida o a capacidad de pro­mover recursos, sino también al lugar que ocupan en el proyecto de este país. El abandono a su locura de los cuatro hermanos Izquier­do podría ser también el abandono a que se ha sometido a una vas­ta extensión de la vida española que no encuentra su sitio en ningún proyecto y que no se ve reflejada en ningún futuro. La España ne­gra no está hecha de ningún material particular. Si está hecha de al­go es de los ojos que no quieren mirarla.
submitted by Subversivos to Albedrio [link] [comments]


2016.05.22 12:06 EDUARDOMOLINA Zandi y el cenagal de los codiciosos.Para aquel entonces, 2004,. los Cebrián y los Zandi eran ya uña y carne. Como lo era el propio Felipe González, la otra cara de la moneda Cebrián, Zipi y Zape.Caviar para todas las ocasiones, y propinas de 100 euros por cualquier minucia.

Por Jesús Cacho
http://vozpopuli.com/analisis/82289-zandi-y-el-cenagal-de-los-codiciosos
"Escena madrileña. Un empresario con intereses en la industria editorial avanza por el pasillo de un restaurante de postín para toparse de frente con una mesa que comparte Juan Luis Cebrián y un tipo de mediana edad y gran atractivo físico. El capo de Prisa se levanta solícito y saluda al recién llegado: “Fulano, quiero presentarte a Massoud Zandi, íntimo amigo mío y próximo presidente de la República de Irán”. De esto hará unos 10 años y Zandi, que presume de ser hijo de un ministro del último Sha de Persia, tiene tantas posibilidades de ser presidente de la República Islámica de Irán como Papa de Roma. En realidad, el hispano-iraní, que en algún momento de su saga/fuga española amagó con ser la oposición a Mahmud Ahmadineyad en Europa, se ha dedicado a pasear al régimen de los Ayatolás por Madrid y alrededores, montándole “cumbres” y encuentros empresariales como si de una bien engrasada agencia de relaciones públicas se tratara. Lo suyo no es la política, sino los negocios de altos vuelos con la elite político-económica española.
A principios del 2000, Zandi, 54 años, había elegido ya su anclaje madrileño en la figura del poderoso consejero delegado de Prisa, el hombre que a los mandos de El País tanto pánico ha provocado entre los poderes fácticos hispanos en los últimos 40 años, tanto veneno ha sembrado por la línea divisoria de “las dos Españas”. En Cebrián y en Teresa Aranda, su entonces mujer. Zandi abrió a la periodista un restaurante en La Moraleja, Plaza de la Fuente, un lugar decorado con mimo que aspiraba a ser al mismo tiempo café concierto y club de jazz. Lo financió Zandi, y casi al mismo tiempo (octubre de 2004) le puso (un millón de euros) una Fundación ad hoc, la Fundación Atman para la Alianza de las Civilizaciones, para entretener su ocio como vicepresidenta, bajo la presidencia honorífica del propio Zandi. Eran los tiempos dorados de Zapatero, y nuestro hombre, muy amigo de Miguel Sebastián, jefe de la oficina económica del presidente, y de periodistas como Pedro J. Ramírez y Antonio Ferreras, entraba en Moncloa como Pedro por su casa. Muy ligada al PSOE, en el patronato de la Fundación Atman figuraba gente como Augusto Delkader, Javier Gómez Navarro, Fernando Vallespín y Rosa Regás. Para aquel entonces los Cebrián y los Zandi eran ya uña y carne. Como lo era el propio Felipe González, la otra cara de la moneda Cebrián, Zipi y Zape. El 2 de septiembre de 2006 los españoles se desayunaron con la foto en la prensa de González estrechando la mano de Ahmadineyad en Teherán, un tipo cuya máxima aspiración consistía entonces en borrar a Israel del mapa mediante el uso de la bomba atómica, en un viaje preparado por Zandi y que, en contra de las teorías divulgadas al respecto, no era más que un simple viaje de negocios. Dinero, solo dinero.
El “tout Madrid” estaba entonces convencido de que Zandi se dedicaba a importar petróleo de Irán para las refinerías españolas, naturalmente para las de Repsol, y de que con las comisiones de tal comercio se financiaban cosas como el restaurante de lady Aranda y la Fundación Atman. El personaje comenzó a ser conocido en España gracias a un artículo aparecido en El Confidencial en septiembre de 2006, donde quien esto suscribe dibujaba a grandes rasgos la vida y milagros de este singular vendedor de alfombras persas, brillante, dicharachero, seductor, adulador, mujeriego, simpático a rabiar, besucón, magnánimo hasta el exceso, que, sin embargo, ha seguido en la sombra durante 10 años más hasta que el escándalo de los papeles de Panamá ha vuelto a sacar a flote su figura de conseguidor de altos vuelos, al vincularlo con cerca de 10 sociedades offshore, los mismos papeles que han puesto en la picota a Aranda y a su ya ex marido Cebrián. En los últimos días ha sido el periodista Agustín Marco quien mejor ha puesto en evidencia la trama que une a González y Cebrián con los negocios de Zandi, concretada, en el caso del ejecutivo de Prisa, en el regalo por parte del iraní de un 2% del capital de Star Petroleun, con opción de compra de un 4,9% adicional.
Zandi ha seguido en la sombra hasta que el escándalo de los papeles de Panamá ha vuelto a sacar a flote su figura de conseguidor de altos vuelos
El Café-Concierto de La Moraleja acabaría siendo un fiasco monumental que se vio obligado a echar el cierre al poco tiempo, porque una cosa es presumir de negocio glamuroso y otra saberlo gestionar. La gestión, el esfuerzo continuado en la consecución de un objetivo, tampoco es el punto fuerte de Massoud Zandi. Lo suyo era y es recibir en sus oficinas del Paseo de la Castellana 42 y hacerlo como si el recién llegado fuera un príncipe saudí. “Quedabas con él a desayunar y te recibía con caviar…” El hombre espléndido que hay en Zandi no las gasta menos. “Es el mejor agasajador del mundo, sobre todo en esa Marbella de los grandes veraneos, donde recibía delegaciones de árabes dispuestos a hacer negocios o simplemente a gozar del clima y las chicas de piernas largas como autopistas. Es la fascinación que siempre han generado los del turbante entre las filas de esos paletos españoles trastornados por la repentina riqueza de los pobres Kombach. Uno se codea en Marbella con un tipo con chilaba y no sabe si se trata de un miembro de la infinita parentela de los Al-Saud o de un estafador disfrazado de mago Merlín.
Zandi lo pagaba todo, en Marbella y en Madrid. Él se encargaba de recibir en Barajas a los del turbante, de alquilar las suites en el Villamagna, de las limusinas para los desplazamientos, de las cenas en los mejores restaurantes y de cualquier otra cosa que sus invitados pudieran desear. Más que de un comisionista, se comportaba como si se tratara del heredero al trono saudí. Caviar para todas las ocasiones, y propinas de 100 euros por cualquier minucia. La venta de Vending Pizza, el negocio de máquinas expendedoras de pizza que Zandi colocó a Martínez Pujals, dueño de TelePizza, en marzo de 1999, le proporcionó una buena suma de dinero, una cantidad que utilizada con criterio hubiera proporcionado a cualquier persona juiciosa caudal suficiente para llevar una vida desahogada. No a Massoud Zandi, cuyo estilo de vida venía marcado por un casoplón en La Finca (Pozuelo de Alarcón) valorado en 8 millones y por una flota de coches Ferrari de colección.
¿De dónde saca para tanto como destaca?
¿Y de qué ha vivido Zandi tantos años en España? ¿De dónde saca para tanto como destaca? Hay quien sostiene que el rumboso hispano-iraní ha venido financiando su estrepitoso nivel de vida con el dinero que unos cuantos ricos españoles han venido poniendo en sus manos para invertir en los negocios que emprendía. Como el de la compañía minera SP Mining, con supuestos derechos de explotación de yacimientos minerales sobre 130.000 km2 en Chad, proyecto en el que Alberto Cortina invirtió cerca de 20 millones que el empresario da por perdidos y que ahora reclama en los tribunales a su antiguo amigo. El mismísimo Felipe González participó, en las oficinas de Paseo de la Castellana 42, en diversas reuniones entre Zandi y ministros de los Gobiernos de Chad y de Sudán del Sur para sacar adelante las licencias de explotación de las minas, en un caso, y del crudo, en otro, se supone que no gratia et amore. La obsesión de Zandi, con todo, ha sido el negocio del petróleo, la gallina de los huevos de oro de todo oriental con aspiraciones que se precie. El petróleo y Repsol, una fortaleza cuyo asalto ha intentado de mil formas y maneras con la intención de facturar las correspondientes comisiones. Lo intentó, con cierto éxito, bajo la presidencia de Alfonso Cortina, con Miguel Ángel Remón como vicepresidente ejecutivo (Remón operaría después como auténtico abrelatas de Zandi para toda clase de operaciones), con episodios, entre lo divertido y lo chusco, como el viaje a Kuwait en el que embarcó a Cortina tras convencerle de que tenía cerrada la compra del 10% de la petrolera por parte de KIO.
El viaje al emirato se demostró un fiasco, pero no la idea de Star Petroleum (SP), una compañía con domicilio fiscal en Luxemburgo pero controlada desde Seychelles y Samoa, que se vendió entre muy notorios personajes madrileños como propietaria de los derechos de explotación de una amplia zona de Sudán del Sur, en la que invirtió gente como Piedrahita, Alcántara, Minc, Yullera, Mesonero Romanos, Merino, Cebrián y algunos otros. Hasta un hombre tan aparentemente juicioso como Luis Jiménez, socio de Deloitte, a quien Zandi había encargado un informe sobre las cuentas de la petrolera, pareció haber perdido la cabeza ante la posibilidad de hacerse millonario: “Que dejo Deloitte”, decía deslumbrado a un amigo, “me voy a dedicar al negocio del petróleo y que le vayan dando a la auditoria”. Estábamos en pleno boom del ladrillo y muchos españoles, demasiados, habían decidido dar su particular pelotazo a costa de lo que fuera, fiel reflejo de un país donde el dinero se había convertido en el único Dios digno de ser adorado. Y Zandi, tan listo, tan guapo, tan seductor, era el caballo por el que había que apostar. Solo tenía, solo tiene un punto flaco el dandy Zandi: su capacidad -incapacidad más bien- para perder gran parte de su encanto a partir de la segunda copa, con el segundo trago.
En realidad SP era un cascarón vacío, “una estafa en toda regla”, al decir de alguno de los inversores aludidos. “SP tiene una opción, en disputa, sobre un campo de exploración en Sudán del Sur, pero no tiene título de propiedad que lo avale, y si lo tuviera tendría que empezar a desembolsar dinero en cantidad para pagar el “bono” al Gobierno, acometer la sísmica y, a continuación, empezar a pinchar para saber si se encuentra petróleo o no. Mucho dinero que no es fácil de encontrar con el actual nivel de precios del crudo”, asegura un buen conocedor del sector. “A Repsol llegan al cabo del año muchos supuestos negocios como este, concesiones de explotación que no valen nada, porque hay que invertir no menos de 3.000 millones de dólares para perforar y ver si sale algo. Es el timo de la estampita”. La compañía, prácticamente sin activos, ha abierto una ampliación de capital de un millón de euros (cifra apenas suficiente para pagar sueldos atrasados), a la que no parecen querer acudir algunos de los actuales accionistas, ello después de haber reducido su capital a cero desde los 300 millones de valoración inicial a la que entró gente como Javier Merino, el marido de Mar Flores, que un buen día estalló en lágrimas ante una buena amiga: “Es que me han estafado 30 millones, te lo juro, Fulana”. “Pero no puede ser”, replicó la aludida. “¿Y no te han dado ninguna explicación? “Sí, me han justificado una décima parte; el resto me han dicho que se ha ido en pagar sobornos”.
“SP es una compañía con un activo que es una concesión petrolífera en Sudán, necesitada de una ingente inversión para realizar la sísmica y la prospección posterior. Una concesión cierta. A partir de ahí habrá unas reservas cuantificables y la compañía se venderá posteriormente a una de las grandes. Y hay señores que han decidido invertir convencidos de que se van a hacer multimillonarios con esa venta, señores que han creído que este va a ser el negocio de su vida. Y hasta el momento no han puesto ninguna demanda que yo sepa, de modo que de estafa nada de nada”, asegura un portavoz de Zandi. “Por supuesto que va a hacer falta más inversores, pero la sociedad está en marcha y no hay lío societario alguno. Zandi sigue siendo su administrador solidario y sigue teniendo casi el 50% de la petrolera. Otra cosa fue la sociedad minera: ahí sí, ese fue un proyecto fallido”. ¿Cómo está el señor Zandi? “Apabullado por el lío mediático que se ha montado, porque él es un hombre tremendamente discreto, pero convencido de seguir adelante, y haciendo frente a la inspección fiscal de la Agencia Tributaria sobre él y sobre sus empresas”. ¿Cómo está ese asunto? “Pues Hacienda está tratando de demostrar que reside en España, cuando su residencia real está en Dubai, de modo que está tranquilo. Lo suyo es muy fácil. Un personaje apasionante”.
La sociedad rendida al becerro de oro
Zandi o el espejo de una sociedad rendida al becerro de oro, capaz de traicionar cualquier principio ético por dinero, decidida a enriquecerse a cualquier precio, incluso a costa de arruinar la propia empresa que dirige, caso paradigmático de Cebrián. Una serie de notables hispanos creyeron descubrir en el iraní a un Midas caído del cielo para hacer con él "el negocio de su vida", antes de quedar atrapados en la madeja de un personaje mucho más listo que todos ellos y tan amoral como ellos. Zandi o el cenagal de los codiciosos. Perfecto trasunto de la España que chapotea en la corrupción de todos los días y que tan bien encarnan dos protagonistas de la Transición tan notorios como el citado Cebrián y el ex presidente Felipe González. La publicación del video en el que el expresidente del Gobierno de España alaba la figura de Zandi como un “emprendedor nato” (“es una de las personas más creativas, con más capacidad emprendedora que he conocido (…) No he visto nadie con más habilidad para crear espacios nuevos (…) tampoco con más iniciativas audaces (…) Ahora que tanto se habla de espíritu emprendedor, él es un creativo irrepetible, un emprendedor nato”) marca seguramente un hito en el proceso de degradación de nuestras élites políticas, y hace más daño a Felipe que el famoso asunto de la cal viva. Mortal de necesidad.
La pretensión de Zandi y de sus socios no era otra que la de endilgar Star Petroleum a Repsol por una cifra millonaria, una idea que Cebrián hizo suya
En realidad la pretensión de Zandi y de sus socios no era otra que la de endilgar Star Petroleum a Repsol por una cifra millonaria, una idea que Cebrián hizo suya y que pregonó por los cenáculos madrileños, afirmando que Repsol iba a comprar SP por 300 millones, porque así se lo había prometido Isidro Fainé, el gran capo de La Caixa y accionista de referencia de Repsol (la entidad bancaria ha desmentido este extremo). Hoy SP parece una sociedad quebrada en la que Javier Merino, decidido a recuperar su dinero, ha tomado todo el protagonismo. “Zandi ya no es persona grata en Sudán y es Merino el interlocutor con el Gobierno del sur y quien está volcado en la búsqueda de nuevos inversores para el proyecto”. Decidido a “poner orden”, el propio Cebrián entró en el Consejo de Administración de SP el año pasado, puesto que abandonó espantado en diciembre cuando tuvo conciencia cierta del lío en el que se había metido. Se entiende la frustración que el eximio representante de la izquierda caviar española provoca hoy entre la redacción de El País y de la SER: “A ver cuándo se va de una vez y nos deja en paz”.
Tantos reveses no parecen haber amilanado a tipo tan energético y vitalista como Massoud Zandi, emprendedor de altos vuelos que, poco antes de la firma del tratado de no proliferación nuclear entre Estados Unidos e Irán, intentó convencer a Barack Obama del levantamiento de las sanciones. La idea se la compró Rafael Ansón, que prometió hacer lobby en la Casa Blanca a través de Juan Verde, en la actualidad estrecho colaborador de la campaña de Hillary Clinton a la presidencia de los USA. Se trataba de poner cuanto antes en marcha el oleoducto capaz de llevar al Mediterráneo europeo el valioso crudo del mar Caspio cuyo transporte monopoliza hoy la compañía rusa Grazpom. Pero Verde, precavido, no se dejó enredar, no obstante lo cual “Rafansón debe haber sido el único español que ha logrado sacarle dinero a Zandi”. El hispano iraní está ahora mismo haciendo de lobista de Indra en Irán. “Yo hablo directamente con Abril-Martorell”, sostiene el emprendedor, que ha contactado con el nuevo presidente de Indra a través de Cebrián, para quien aquél trabajó a sus órdenes en el Grupo Prisa. Zandi no descansa. Cebrián, tampoco. Todo sea por la pasta."
submitted by EDUARDOMOLINA to podemos [link] [comments]


2016.03.21 11:42 EDUARDOMOLINA De periodistas, policías, putas… y jueces.- Jesús Cacho.- vozpopuli.com

http://vozpopuli.com/analisis/78083-de-periodistas-policias-putas-y-jueces
"Las tres “Pes”, periodistas, policías y putas, tres oficios cabrones moviéndose a menudo, particularmente en el viejo y bohemio mundo del periodismo de sucesos [vean la nueva serie televisiva “El Caso”] en el filo de la navaja, en ese espacio lleno de sombras lindero con la transgresión de la ley.
En la atmósfera de una España incapaz de dotarse de nuevo Gobierno, cansada del aluvión diario de frases vacías de la casta política, inerme ante asuntos de tanto calado como el envite separatista catalán, dolorida por la secuencia de paro y bajos salarios que sufren tantas familias, acaba de tener lugar un acontecimiento que, tronco de potentes ramas, es claro exponente de las miserias, tantas veces cantadas, de un régimen que ha llegado hasta aquí casi arrastrándose. Se trata de un caso que muestra en su desnudez los males que aquejan a la Justicia, la existencia de un poder policial paralelo en las cloacas del Estado, las miserias de un oficio, el periodismo, muy venido a menos, y los riesgos que acechan la travesía de los nuevos Reyes, cuya figura impoluta acaba de sufrir el primer lamparón grave. Jueces, policías, periodistas y reyes. Faltan las putas, quizá el único oficio noble en esta farsa.
La titular del juzgado de instrucción nº 39 de Madrid ha decidido dar carpetazo a la causa abierta contra el empresario Javier López Madrid (JLM), a resultas de una denuncia presentada contra él por la médico Elisa Pinto por supuesto acoso sexual, amenazas y agresiones. Todo apunta a que JLM y la doctora, que durante años había atendido como dermatóloga a la familia del ricohome, intimaron más allá de lo que podría ser considerado normal hasta que, llegado el momento, la doctora decidió cortar por lo sano. Ahí hubiera terminado el roce si nuestro hombre, poco acostumbrado a recibir negativas, no se hubiera rebelado contra tal decisión. JLM, cuya arquitectura embutida en elegante chaqué ha figurado con reiteración entre el glamuroso grupo de amigos de Felipe de Borbón en la bodas y bautizos reales, es lo que coloquialmente se conoce como un “poderoso”: casado con Silvia Villar Mir, hija del dueño del grupo OHL, Javier es, en definición de sus amigos, “un niño hiperactivo”, inteligente en apariencia, que no puede quedarse quieto ni cuando le convendría estarlo, con un afán de protagonismo que raya en lo enfermizo, un ansia loca de llamar la atención, y un irrefrenable instinto depredador cuando en su camino se cruza una señora bien vestida calzando zapato de aguja. Su suegro, cruel a la hora de opinar sobre un yerno al que siempre ha vetado la primera línea ejecutiva de sus empresas, le ha defendido ahora con determinación, tal vez por hacer honor a esa hija que, en medio de la tempestad, se ha mantenido inquebrantablemente fiel a su marido.
Todo hubiera quedado reducido a una querella judicial más si a JLM no se le hubiera ocurrido contratar los servicios -siempre supuestamente- del famoso comisario José Manuel Villarejo.
Estaba claro quién iba a salir ganador de la batalla entre el ricachón con aldabas y la doctora anónima. Todo hubiera quedado reducido a una querella judicial más si a JLM, que a su vez interpuso querella contra la doctora por supuesto acoso en el juzgado nº 25 de Madrid, no se le hubiera ocurrido contratar los servicios –siempre supuestamente- de un policía tan significado como el comisario José Manuel Villarejo, más conocido como Pepe Villarejo, el cual le fue presentado por Francisco Granados, hoy en prisión en su condición de cabecilla de la trama Púnica. Conviene advertir al lector de la imposibilidad de intentar siquiera, en el corto espacio de este relato, una aproximación a los mil avatares de una historia que daría para varios best sellers. Sirva, empero, como muestra, el episodio de los dos apuñalamientos sufridos por la doctora y denunciados en la Comisaría de Chamartín (Madrid). Los policías que, en el segundo de ellos, acudieron al escenario de los hechos lo relatan así: “Personados en el lugar, localizan en el interior del vehículo a la víctima, la cual se encuentra en compañía de su hijo menor de edad, del cual no han podido recoger sus datos de identidad debido al estado en el que se encontraba. Los comparecientes observan cómo dicha persona se encuentra con la camisa con restos de sangre, presionando con su brazo una herida abdominal de la cual brota sangre (…) El hijo de la perjudicada, en el interior del vehículo durante los hechos, ha manifestado de forma espontánea a los declarantes que un varón acaba de apuñalar a su madre”.
En la rueda de reconocimiento posterior, la doctora y su hijo habrían identificado al comisario como el supuesto autor de los pinchazos. En la causa figura un aluvión de wasaps y sms supuestamente incriminatorios contra JLM, cuya autoría éste rechaza acusando a la doctora, a la que tilda de “loca”, de haberlos fabricado con intención de perjudicarle. Un caso claro de indefensión de una mujer que, harta del ninguneo sufrido en las comisarías de Policía, se vio obligada a denunciar su caso en el cuartel de la Guardia Civil de Tres Cantos. La presencia de Villarejo en la trama, con todo, ha venido a poner de manifiesto la existencia de las sentinas –cabría decir mejor en las letrinas- del Estado de una serie de policías que, so capa de haberle prestado grandes servicios en asuntos muy sensibles, funcionan de forma autónoma aceptando encargos de particulares –caso de la disputa entre JLM y Pinto- bien remunerados, sin estar sometidos al control de la propia cúpula policial ni de los tribunales. Dos millones es la cifra que supuestamente habría pagado JLM por el “asesoramiento” de Villarejo en el caso. No se conoce la cifra que el comisario y su ayudante pidieron al entonces número dos de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, en la conversación –que grabaron- mantenida en una cafetería del centro de Madrid para ayudarle a librarse del enojoso asunto del ático de Estepona, un caso que hoy tiene a González imputado. Son apenas dos de los muchos “trabajos” prestados por Villarejo y su equipo -policías y abogados a sus órdenes- a banqueros y empresarios de postín.
La fortuna del comisario Villarejo.- El aludido argumenta haberse jugado la vida en operaciones de alto riesgo donde ni el CNI, con quien nunca ha congeniado, era capaz de llegar. Para ello, y con el visto bueno de los sucesivos ministros de Interior –hasta 10 han pasado por la “piedra” de Pepe Villarejo- el policía montó una red de empresas tapadera que le permitiera operar de forma tan anónima como discreta. Con el lodo de esos polvos, Villarejo se ha fabricado una respetable fortuna personal que algunos comisarios, poco amigos del aludido, consideran bien ganada. Javier Ayuso publicó en El País que el citado ha manejado 46 sociedades en los últimos 30 años, siendo propietario de más de una docena con un capital social superior a los 16 millones. El comisario goza hoy de una notable popularidad en los ambientes periodísticos que no sería entendible sin aludir a otra de sus facetas menos conocida pero más sorprendente: su condición de “expendedor” de buena parte de los dossiers que en los últimos tiempos han alfombrado las exclusivas de una serie de notorios periodistas madrileños, tipos brillantes que durante años han abrevado en las aguas ricas en plancton de una “policía patriótica” dispuesta a amargarle la vida a Jordi Pujol, a Artur Mas o a Xavier Trías, entre otros, con informes a menudo de una redacción que roza lo burdo de puro pedestre.
El último traje salido de esa sastrería tiene que ver con el llamado “informe PISA” (Pablo Iglesias S.A.), un texto que, plagado de recortes de prensa y falsamente atribuido a la UDEF, versa sobre la financiación de Podemos y ha sido remitido en última instancia al Tribunal de Cuentas.
La profesión periodística está hoy muy 'malita', casi tanto como la de jueces y policías, por culpa del derrumbe de los estándares éticos Son las miserias de un oficio, el periodístico, que se ha proletarizado por culpa de la crisis, por un lado, y se ha envilecido, por otro, con un sin número de columnistas de postín que al tiempo que se rasgan las vestiduras con la corrupción imperante trabajan de tapadillo para grandes empresas y agencias de comunicación. Una profesión que hoy está muy “malita”, casi tanto como la de jueces y policías, por culpa del derrumbe de unos estándares éticos que ha dejado a las putas convertidas en respetables señoras de compañía. Periodistas, policías y jueces.
Faltan los responsables políticos del escándalo de esos grupos policiales que se mueven en la sombra a su antojo. Falta que el titular de Interior, Jorge Fernández Díaz, dé a la sociedad española una explicación de lo que está pasando. No lo ha hecho en cuatro años. Dicen que no puede darla, porque las “cloacas” le tienen bien cogido de los compañones en asuntos que tienen que ver con su vieja relación con Pujol. El relato de Ayuso sobre la fortuna del comisario hubiera hecho saltar de su asiento al policía más laureado del mundo en cualquier democracia del mundo. Aquí, ni siquiera su arremetida contra el director general del cuerpo, Ignacio Cosidó, logró movilizar al pío Fernández. Valga, por una vez, el último párrafo de un editorial de El País de marzo de 2015: “La existencia de grupos en la sombra dentro de las fuerzas policiales es motivo de escándalo en otras democracias. La diferencia sustancial es la respuesta de las instituciones.
En un Estado europeo serio se persigue y depura a los policías que actúan por su cuenta o derivan en partidas de la porra. Lo que no puede nunca hacer una democracia es vivir bajo la sospecha de que sus fuerzas policiales actúan fuera de control”.
Fernández Díaz pide calma y dice que todo es cuestión de tiempo: hay que esperar hasta mayo, mes en el que el comisario Villarejo pasará a la condición de jubilado. Así están las cosas. Quien no ha querido esperar ha sido la juez Belén Sánchez, titular del juzgado nº 39, que se ha dado prisa en archivar la causa abierta contra JLM por encontrar “contradictorias” las versiones de la doctora, dando así satisfacción a una fiscalía que hacía tiempo presionaba en tal sentido.
¿Simple cuestión de incompetencia, o de miedo? Los abogados de la dermatóloga han recurrido ya ese archivo, argumentando que “no se puede sobreseer la causa sin haber practicado previamente las diligencias solicitadas”, ello, además, cuando en el juzgado nº 25 sigue abierta la interpuesta por JLM contra la doctora. Hay, sin embargo, algo que ha llamado poderosamente la atención del respetable: la relación causa efecto existente entre la publicación de unos mensajes muy comprometedores de la reina Leticia en apoyo de JLM y el archivo de la causa.
La reina Leticia se mancha las manos.- Porque al culebrón de la juez que archiva, el empresario chulapo, el comisario “malote” y los periodistas de investigación que reciben empaquetada la "mercancía", le faltaba la guinda de los reyes de España entrando en escena en el peor momento posible, cuando Felipe VI se la coge con papel de fumar en la delicada tarea de arbitrar el impasse político que afecta a la nación. Los sms de la reina Leticia al mozo, aparecidos días atrás en eldiario.es, nada tenían que ver con su pelea con la doctora, sino con otras desgracias que aquejan al prenda: su imputación en la trama de corrupción Púnica (financiación ilegal del PP por parte del grupo Villar Mir) y en el caso de las tarjetas black de Caja Madrid, que al muchacho, tan listo, tan audaz, no le ha salido cosa bien en los últimos cien años. El caso es que la reina Leticia se despachó de esta guisa en apoyo del marido de su amiga y compañera de yoga, Silvia Villar Mir: “Te escribí cuando salió el artículo de lo de las tarjetas en la mierda de LOC [el suplemento “La Otra Crónica” del diario El Mundo] y ya sabes lo que pienso, Javier. Sabemos quién eres, sabes quiénes somos. Nos conocemos, nos queremos, nos respetamos. Lo demás, merde. Un beso compi yogui (miss you!!!)”. Un torpedo en plena línea de flotación de La Zarzuela
Demoledor para la imagen de la reina plebeya y, por extensión, para el propio Felipe VI. ¿También le gustan a Leticia los ricos arrogantes? Le hemos tomado la matrícula, Señora. Los nuevos reyes de España han perdido ya la virginidad y empiezan a parecerse un poco al rey emérito, el gran Campechano. Los Dioses quieran que haya sido solo un error de principiantes. La Casa del Rey ha querido marcar distancias (“Esa relación de amistad ya no existe”), exigiendo la renuncia de JLM como miembro del Patronato Princesa de Asturias. Mientras tanto, JLM ha decidido poner tierra por medio: se va a trabajar a Londres, a una de las empresas de su riquísimo suegro. “Mi vida ya no tiene sentido”, asegura, siempre melodramático. Huelga tratar de hallar moraleja a semejante relato, retrato en cuerpo entero de un país donde ni los jueces, ni los policías, ni los periodistas, ni los políticos cumplen con su deber. Esto está podrido de la cruz a la raya. Y la cuestión no es acabar con la austeridad, querido Pedro Sánchez, sino regenerar de arriba abajo un país que simplemente ha dejado de ser decente. Demasiada tarea para voacé, me temo."
submitted by EDUARDOMOLINA to podemos [link] [comments]